Buenas tardes.
En estos tiempos que bien pueden «engusanarnos», (encerrarnos en nosotros mismos) o espolearnos en nuestro coraje y rebeldía para seguir soñando con un mundo más justo y con una Iglesia más evangélica. No podemos dejar que se apague en nosotros la esperanza, sería una insensatez, un renunciar a nuestra más humana condición.
Necesitamos mantener encendidas las lámparas con el aceite del Espíritu, de la Sabiduría sana, no la propia de los «listillos».
Un abrazo
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